Una de las preguntas que nos hacemos cuando decidimos ingresar a un familiar mayor, nuestro padre, nuestro abuelo, en una residencia es ¿qué actividades hacen? Te contamos en este artículo, las más habituales.
Las residencias de la tercera edad distan mucho de ser esos lugares, que algunos piensan, en los que tienen aparcados a las personas mayores hasta que llega el día de su defunción.
Son espacios donde los residentes establecen lazos subjetivos y de convivencia con los otros internos y con el personal del centro. Lugares donde llevan una vida activa y enriquecedora, ligada a las circunstancias de la salud.
Tanto para el centro como para la familia, la calidad de vida de la persona mayor es la prioridad. Algo que se pone de manifiesto en las actividades que programan.
Internar a un familiar en una residencia geriátrica es la última opción. Todos preferimos que nuestro familiar viva en su casa el máximo tiempo posible. Sin embargo, llega un momento en que eso no es posible. Normalmente, por problemas de salud.
Ingresar a nuestro familiar en una residencia no es un castigo. Todo lo contrario. Va a llevar una vida colectiva que va a ser beneficiosa para su salud y su estabilidad emocional y va a estar cuidado en todo momento.
Todos los familiares que nos vemos en esta tesitura nos preguntamos: ¿Qué hará nuestro familiar en la residencia? ¿Cómo será su día a día? Esto lo podemos aclarar, en gran medida, con las actividades en las que participa.
Estas son el tipo de actividades que suelen programar las residencias para personas de la tercera edad.
Rehabilitación y fisioterapia.
Si bien, las residencias de la tercera edad no son centros sanitarios en sentido estricto, la salud ocupa un papel fundamental en su funcionamiento. Así nos lo confirman los profesionales de Residencia Castilla, una residencia para mayores de Córdoba con más de 25 años de antigüedad. Según nos cuentan, la atención personalizada, adaptada a la situación de salud de cada uno de los residentes, es un aspecto clave en la atención al residente.
En este sentido, no es extraño que se programen actividades, individuales o grupales, dirigidas a paliar los déficits de movilidad que van apareciendo asociados a la edad.
De hecho, muchas residencias de ancianos tienen fisioterapeutas en plantilla. Los cuales siguen individualmente la evolución del estado de salud de cada uno de los residentes, relacionado con los problemas de falta de movilidad. Buscando como objetivo potenciar la autonomía de la persona.
Caminar, subir escaleras, practicar ejercicio en el patio o en el gimnasio son algunas de las actividades físicas que se suelen realizar en estos centros.
Trabajando, principalmente, la fuerza y la resistencia en las extremidades y en las articulaciones.
En los gimnasios de algunas residencias es habitual encontrar bicicletas estáticas que utilizan los residentes, y bandas elásticas para la realización de ciertos ejercicios.
Ejercicio y vida activa.
Relacionado con el punto anterior, aunque sin un control sanitario tan exhaustivo, cabe destacar todas las actividades de ejercicio físico que se programan en las residencias.
Salir a caminar, con regularidad, es una de las actividades más habituales que se suelen realizar en estos centros. Caminar, además de fortalecer piernas y rodillas, es un ejercicio que mejora la salud cardiovascular.
En algunas residencias se programan sesiones de tai chi, yoga o pilates, adaptados a la edad y al estado de salud de los residentes.
Una actividad sencilla, en la que pueden participar todos, y que es frecuente en residencias, es el juego del espejo. Un residente se coloca frente al otro e imita los movimientos y gestos de su compañero. Con esta actividad tan simple, se potencia la coordinación y la psico-motricidad.
Bailar o practicar sesiones suaves de zumba o de aerobic es una actividad en grupo, que a la par que divertida, mantiene a los residentes en un buen estado de salud física.
El sentido de toda esta actividad es que las personas mayores lleven una vida activa, dirigidos por personal cualificado que vele porque no se produzcan lesiones ni un agravamiento de su estado de salud.
Terapia ocupacional.
Tener la cabeza ocupada e interaccionar con los compañeros es otro aspecto clave para mantener una buena calidad de vida en la vejez.
En este sentido, el portal de información Infobae cuenta que en las residencias de mayores se suelen organizar actividades grupales como juegos de memoria, puzles, ejercicios de lectura y escritura. Son actividades que conservan la agilidad mental de la persona y previenen, en gran medida, el deterioro cognitivo.
La terapia artística es un recurso que emplean muchas residencias para mantener activos a sus internos. Con relación a este punto, programan talleres de pintura, dibujo, cerámica. Que además de ser enriquecedores desde un punto vista personal, fomentan la concentración, la relajación y la motricidad fina: la coordinación entre el ojo y las manos, y entre el cerebro y las extremidades superiores.
La música, entendida como terapia, es otro elemento presente en muchas residencias de mayores. Es normal reunir a los residentes para que canten todos juntos, bailen o toquen instrumentos sencillos, para que pasen un momento agradable entre ellos y se relacionen.
Actividades lúdicas colectivas como juegos de cartas, de dominó, bingo, fomentan la socialización y mantienen activa la mente.
Por último no hay que olvidar las tareas cotidianas, que también forman parte de la terapia ocupacional. Acostumbrar a los residentes a que no pierdan el hábito de hacerse la cama, a vestirse y a asearse, aunque sea con ayuda, hace que mantengan su autonomía.
Actividades de socialización.
Organizar una sesión de cine, donde se reúne a los residentes para ver una película, normalmente de la época de cuando eran jóvenes, y después dejar que la comenten entre ellos, puede ser una experiencia bonita.
El salón de la televisión es uno de los lugares más frecuentados en las residencias de mayores. En estos centros, la televisión se ve en grupo. Determinadas series o programas reúnen a grupos de residentes todas las tardes, que los siguen con atención.
Con esto no quiero decir que los mayores pasen todo el día sentados delante del televisor. En una residencia de ancianos bien planificada, la jornada está organizada desde la mañana a la noche.
De todos modos, pasar un rato en grupo viendo una película o un programa televisivo les hace sentirse bien y relacionarse entre ellos.
Las fiestas y las celebraciones son otro momento especial en las residencias de mayores. Organizar cumpleaños colectivos, o celebrar entre todos, fiestas señaladas fomenta la convivencia.
Talleres de memoria.
Los talleres de memoria se suelen organizar en centros de día, en asociaciones que realizan actividades de cuidado para la tercera edad y, también, en muchas residencias de mayores.
Es una actividad grupal estimulante. Retrasa, hasta cierto punto, el deterioro cognitivo que suele desarrollarse a estas edades. Como bien explica el blog Envejecer Activos, acudir a estos talleres no implica que la persona esté sufriendo un problema de memoria, sino que se preocupa por cuidarla.
Estos talleres obligan a los participantes a ejercitar sus habilidades mentales. Al estar plagados de ejercicios que deben completar, el asistente se esfuerza por hacerlo lo mejor que puede. El cerebro, al igual que un músculo, se fortalece con el ejercicio. Por lo que utilizarlo conscientemente, ayuda a mantenerlo en forma, frente desentenderse de todo y dejar que pasen los días.
Un aspecto importante de estos talleres es que contribuyen a crear una red de apoyo emocional. Entre los monitores y los participantes se teje una comunidad de ayuda entre unos y otros. Lo peor que puede pasar cuando se manifiestan los primeros síntomas de deterioro cognitivo es el aislamiento. La actitud de apartarse de los demás hace que los problemas de pérdida de memoria se desarrollen más deprisa.
Actividades para tratar el deterioro cognitivo.
Uno de los problemas de salud más frecuentes que encontramos en las residencias de mayores son las enfermedades neuronales relacionadas con el deterioro cognitivo. Entre ellas, el alzhéimer y la demencia senil. El cual se puede dar en diferentes grados de desarrollo.
Por tanto, todas estas actividades que hemos estado viendo en este artículo deben adaptarse a retrasar estas enfermedades degenerativas, que en la actualidad no tienen cura, y afectan directamente a la calidad de vida de la persona.
Es lo que se conoce como estimulación cognitiva. En las residencias este problema se aborda desde dos frentes: el trabajo directo con el residente y su integración en el grupo. Utilizando terapias no farmacológicas que complementan el tratamiento médico que recibe el sujeto.
Respecto a la esfera individual se trabajan habilidades como la atención, la memoria, el lenguaje, etc. Mediante un plan de actividades ligado a su problema concreto y a su nivel de desarrollo. Aquí se pueden incluir talleres de memoria, clubs de lectura, actividades artísticas, etc.
Todo esto, sin olvidar nunca la interacción con los compañeros, que además de generarle bienestar emocional le obliga a trabajar sus habilidades mentales de manera concreta.
Siempre, para conocer en concreto las actividades que realiza una residencia, lo mejor es hablar con el centro.









