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El yoga en la infancia para equilibrar la mente de nuestros hijos

Cada vez son más los niños a los que les dicen que tienen TDAH, o que son nerviosos o que no se están quietos. Pero, tengan TDAH o no, lo cierto es que puedes recurrir a ciertos métodos para conseguir que tu hijo, aunque no cambie su carácter ni su forma de ser, aprenda a controlar esas emociones tan intensas que no le permitan estarse quieto. Y, una de ellas, es el yoga infantil.

De eso quiero hablarte, así que sigue leyendo:

 

Lo que veo cada día en los niños que no paran quietos

Los padres y profesores vemos que cada vez hay más niños que no pueden estarse quietos. Se levantan cada dos por tres, corren por todas partes, hablan sin parar, interrumpen… Esto pasa en casa, en el aula, en el parque y hasta en situaciones donde se espera un poco de calma.

Muchas veces nos agotamos porque sentimos que vamos detrás de ellos todo el día, recordando normas, pidiendo calma y repitiendo las mismas frases una y otra vez. También nos preguntamos si estamos haciendo algo mal, si deberíamos ser más firmes o si el niño tiene algún problema. Es fácil caer en este tipo de pensamientos, pero pocas veces nos detenemos a mirar qué le está pasando realmente por dentro.

 

¿Qué le pasa a estos niños?

Cuando un niño no se está quieto, su cuerpo va por un lado y su cabeza por otro. El cuerpo necesita moverse y la mente salta de un pensamiento a otro sin parar. Eso genera frustración, enfados repentinos y una sensación constante de no encajar del todo. El niño nota que se le pide calma, pero no sabe cómo conseguirla. Ahí es donde muchos se bloquean y otros explotan.

El yoga infantil parte de una idea muy sencilla: ayudar al niño a unir movimiento y atención. Se le ofrece un espacio donde moverse tiene sentido, donde respirar ayuda y donde no hay presión por hacerlo perfecto. Poco a poco, el niño empieza a reconocer cuándo está acelerado y aprende a bajar un punto ese ritmo.

Quiero que te fijes en que los niños también sienten estrés, y el yoga les da una herramienta para soltar tensión y sentirse más tranquilos.

 

¿Qué es el yoga infantil y qué no es?

El yoga infantil no consiste en poner a un niño a hacer posturas complicadas ni en pedirle que se quede inmóvil como una estatua. Tampoco es una clase seria donde se corrige cada movimiento. El yoga para niños se adapta a su edad, a su energía y a su forma de entender el mundo.

En la práctica, el yoga infantil mezcla movimiento, respiración y juegos tranquilos. A veces se usan canciones suaves, otras veces cuentos sencillos y, en muchos casos, se propone que el niño participe sin presión. Yo quiero que tengas claro que aquí no se busca perfección ni resultados rápidos, sino repetición, calma y confianza.

Además, el yoga infantil respeta mucho los tiempos: hay días en los que el niño se implica más y otros en los que solo observa. Todo eso forma parte del proceso. Poco a poco, el niño va entendiendo que puede parar, que puede respirar hondo y que puede notar su cuerpo sin necesidad de que alguien se lo ordene constantemente.

Olvida la idea de que el yoga es algo rígido o aburrido, porque en los niños funciona justo al revés. Cuanto más sencillo y natural, mejor encaja. Y cuanto más se respeta al niño, más efectos positivos aparecen.

 

El yoga a la mente de los niños

El yoga ayuda a los niños a calmar la mente porque les enseña a centrarse en una sola cosa durante un rato corto. A veces es la respiración, otras veces es un movimiento lento o una postura sencilla. Eso, repetido con el tiempo, mejora la atención y reduce la sensación de ir siempre acelerados.

Además, el yoga ayuda mucho a reconocer emociones. Cuando un niño aprende a notar si está nervioso, enfadado o cansado, empieza a tener más control sobre lo que hace después. No porque deje de sentir, sino porque entiende mejor lo que le pasa. Esto es clave en niños con emociones intensas.

Quiero que pienses en algo práctico: un niño que sabe respirar cuando se enfada tiene más recursos para calmarse. Un niño que ha aprendido a estirarse y a moverse de forma consciente suele dormir mejor. Y un niño que se siente escuchado en un espacio tranquilo gana seguridad.

El yoga no cambia el carácter de nadie, pero sí ofrece herramientas. Yo lo veo como un aprendizaje que se va quedando poco a poco, casi sin darse cuenta. No hace falta hablar de grandes beneficios ni de teorías. Basta con observar cómo el niño empieza a parar antes de explotar y cómo su cuerpo se relaja con más facilidad.

 

La respiración y el movimiento consciente

La respiración es una de las partes más importantes del yoga infantil y, curiosamente, una de las más olvidadas en el día a día. Los niños respiran rápido cuando están nerviosos y casi no se dan cuenta. Enseñarles a respirar despacio es una forma directa de ayudarles a regularse.

En yoga infantil se usan respiraciones simples: inspirar por la nariz, soltar el aire despacio, notar cómo sube y baja el pecho. Esto, hecho de forma natural, tiene un efecto muy claro en el sistema nervioso. El cuerpo entiende que puede relajarse.

El movimiento consciente acompaña a la respiración. No se trata de correr ni de saltar sin sentido, sino de moverse despacio, de notar los brazos, las piernas y el equilibrio. Esto ayuda mucho a niños que necesitan moverse constantemente, porque les ofrece una salida organizada a esa necesidad.

Cuando un niño se mueve con atención, su mente se ordena un poco más. Por eso el yoga funciona tan bien en edades tempranas, cuando el cuerpo es la vía principal de aprendizaje.

 

Yoga en casa o yoga en grupo, ¿qué es mejor para la mente inquieta de tu hijo?

Muchas familias se preguntan si es mejor practicar en casa, de forma individual, o apuntar al niño a clases en grupo. Las dos opciones funcionan y pueden ayudar mucho a una mente inquieta, pero cada una encaja mejor según el momento, el carácter del niño y la rutina familiar. El yoga es una herramienta sencilla para aprender a parar, respirar y ordenar un poco todo ese movimiento interno, y el formato influye en cómo el niño vive esa experiencia.

Antes de decidir, conviene mirar qué aporta cada opción y cómo responde tu hijo a ellas.

 

Pros y contras de hacerlo en grupo

Pros:
  • El niño aprende observando a otros y copiando de forma natural.
  • Se fomenta el respeto por los turnos y el espacio compartido.
  • La figura del adulto que guía la sesión aporta estructura y seguridad.
  • El ambiente tranquilo del grupo ayuda a bajar el ritmo.
  • Los padres pueden delegar y confiar el proceso durante la sesión.
Contras:
  • Algunos niños se distraen más cuando hay muchos estímulos alrededor.
  • El ritmo de la clase es común para todos y no siempre se adapta del todo.
  • Puede costar más al principio si el niño es muy tímido o inseguro.

 

Pros y contras de hacerlo individual en casa

Pros:
  • El niño está en un entorno conocido y se siente más relajado.
  • Se adapta totalmente a su energía y a su estado emocional del día.
  • Es fácil encajarlo en la rutina diaria sin desplazamientos.
  • Refuerza el vínculo entre el adulto y el niño.
Contras:
  • Requiere constancia y organización por parte del adulto.
  • A algunos niños les cuesta tomárselo en serio en casa.
  • Puede faltar la motivación que aporta ver a otros niños.

 

Entonces, ¿cuál le beneficia más?

Depende de tu hijo. Hay niños que se regulan mejor en grupo y otros que necesitan la calma del espacio individual. También influye la edad y el momento vital.

Los profesionales de Vidaes, Centro de Bienestar, donde se realiza sesiones en grupo o individuales de Yoga, pilates y meditación, recomiendan siempre empezar poco a poco, respetar el ritmo del niño y dar más importancia a la constancia que al tiempo de cada sesión

 

¿Qué cambia cuando tu hijo hace yoga?

Cuando el yoga entra en la rutina de tu hijo, aunque sea unos minutos al día, se empiezan a notar cambios: los niños suelen estar más tranquilos después de cada sesión, incluso si al principio estaban muy nerviosos. También empiezan a expresar mejor lo que sienten, y aunque no lo digan con palabras, su cuerpo se relaja y eso ya es un avance.

En casa, el ambiente se vuelve más calmado. Las tensiones siguen apareciendo, pero se manejan mejor. El niño recuerda que puede respirar, estirarse o pedir un momento tranquilo. Los adultos también aprendemos a acompañar con menos estrés y paciencia.

El yoga funciona mejor cuando parte de la rutina diaria, porque cuanto más natural se introduce, más fácil se queda y más ayuda al niño a encontrar calma y equilibrio.

 

El yoga infantil es una herramienta que ayuda mucho

Inténtalo. Dedica unos minutos al día a que tu hijo haga yoga y verás cómo poco a poco se calma, respira mejor y gestiona sus emociones. No hace falta mucho, solo constancia y paciencia, y notarás cómo mejora su bienestar y su tranquilidad en la vida diaria.

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