La salud es un tema complejo, del que normalmente solemos solo pensar a nivel físico y nos olvidamos de la importancia que tiene la mente. Estamos ante un tema que suscita bastante controversia, pero que al final es cierto, porque cuando nuestro cerebro funciona mal, nuestra calidad de vida empeora. Si este funciona bien, la memoria, la atención, el lenguaje, la toma de decisiones, el estado de ánimo o la capacidad para relacionarnos con los demás también se van a ver favorecidos.
Todo esto hace que contar con un servicio de neuropsicología sea una gran ayuda para que mejore nuestra salud en un sentido amplio. No solamente estamos ante una especialidad técnica para casos en concreto, estamos ante una disciplina que aporta bastante, tanto a las personas que sufrieron un daño neurológico como a las que notan dificultades en su vida diaria y desconocen lo que les ocurre.
En ocasiones, se producen cambios a nivel de concentración, memoria, impulsividad o en la manera en la que se organizan las tareas, siendo estas señales de que algo precisa de nuestra atención. Otras veces pueden aparecer los problemas luego de que se haya producido un ictus, lesión, enfermedad neurodegenerativa o incluso en contextos de estrés prolongado, fatiga mental o ansiedad. En todos estos casos, es necesario hacer una buena evaluación y un acompañamiento profesional.
Neuropsicología y lo que hace realmente
Lo primero que debemos saber al hablar de ella es qué es realmente. Para ello hemos querido hablar con la experta psicóloga Soraya Sánchez. Lo que hace la neuropsicología es analizar la forma en la que funciona el cerebro y la forma en la que su funcionamiento influye en nuestro pensamiento, sentimiento y en todo lo que hacemos.
Estamos ante algo que influye en muchos aspectos del día a día, como acordarse de una cita, estar atentos mientras se produce una conversación, planificar una tarea, controlar las emociones o encontrar la palabra más adecuada.
Un servicio adecuado, debemos saber que no solo se limita a aplicar pruebas e ir entregando resultados. Se dedica primeramente a escuchar, luego a evaluar, interpretando los datos dentro del contexto de cada persona, y luego propone una intervención.
La mirada de la neuropsicología hace posible entender mejor el origen de algunos cambios que en ocasiones se confunden con cansancio, despistes o falta de interés.
La importancia de una buena profesional
En materia de salud mental y cognitiva, la calidad de los profesionales marca la diferencia. No solo es ofrecer un servicio genérico. Se hace necesario contar con la debida formación, experiencia, sensibilidad y una forma de trabajar que combine conocimientos técnicos y humanos.
Todo esto hace que la elección de una profesional adecuada cambie por completo la experiencia. Una buena psicóloga escucha sin necesidad de juzgar, puede explicar sin alarmar y orientar sin necesidad de imponer.
Del mismo modo, es consciente de que cada paciente precisa de un ritmo diferente y que todos los procesos no se resuelven de la misma manera.
Hay personas que necesitan rehabilitación cognitiva, otras requieren pautas para la vida diaria y otras simplemente necesitan comprender mejor lo que les ocurre para poder manejarlo con más tranquilidad.
Esto hace que tener un servicio de psicología de confianza tenga gran valor, porque la atención profesional y próxima es de gran ayuda de cara a que el paciente se sienta acompañado.
¿Cuáles son las señales de que se necesita una evaluación neuropsicológica?
Son bastantes las personas que llegan a la consulta cuando llevan ya un tiempo notando que algo no va bien. Existen otras que no le saben poner nombre a lo que están sintiendo, pero que se dan cuenta de que su mente no tiene la misma capacidad de respuesta. Vamos con algunas de las señales:
- Se producen olvidos frecuentes que antes no solían ser habituales
- Problemas de concentración o para estar atentos
- Problemas para seguir rutinas e ir organizando las tareas
- Lentitud en las respuestas o al pensar
- Cambios en el lenguaje, como puede ser el buscar mucho las palabras
- Sentirse desorientado en situaciones que antes no daban problemas
- Más impulsividad o problemas para el control de las emociones.
- Cansancio mental excesivo ante las actividades normales del día a día.
Todo esto no es sinónimo de que haya un problema grave, pero sí que hay que atender a esto. Por este motivo, cuanto antes se valore la situación, antes se podrá intervenir. En materia de salud, esto suele terminar suponiendo mejores resultados.
La relación entre cerebro y bienestar general
En ocasiones pensamos que los problemas cognitivos tan solo afectan a la concentración o a la memoria, pero los efectos se extienden bastante más. Si una persona no puede recordar bien, organizarse o seguir las conversaciones con facilidad, la autoestima se resiente. Esto hace que aparezca la frustración, la inseguridad o el aislamiento. Por todo ello, el cuidado de la salud cerebral no solamente afecta al rendimiento intelectual, sino que también es de gran ayuda para la protección del bienestar emocional.
Un servicio de neuropsicología es de gran ayuda de cara a detectar dónde se encuentra el problema, lo que lo provoca y qué es lo que se puede hacer para mejorar. Dicha claridad tiene un gran impacto, ya que reduce la sensación de encontrarse perdido.
En ocasiones, los cambios cognitivos influyen de forma determinante en la vida familiar. Las personas empiezan a depender más de otros, cometen errores que antes no cometían y se sienten más irritables al sentirse incomprendidas. Si se hace buen trabajo, no solo es que mejora el paciente, también el entorno que lo acompaña.
El valor de una evaluación completa
Muchas veces se piensa que todo se soluciona con una conversación rápida o impresión general. En el campo de la neuropsicología, hacer una evaluación rigurosa es fundamental.
No hablamos de etiquetar a la persona, sino de comprenderla. Para todo ello se deben analizar las diferentes funciones cognitivas, revisión de los antecedentes, conocer bien la historia de la persona y saber de qué forma interfieren los síntomas en su vida diaria.
Cómo ayuda la neuropsicología en distintas etapas de la vida
La neuropsicología no se ha pensado únicamente para una etapa en concreto. Puede tener gran utilidad en todo tipo de edades, desde la infancia a la vejez. El caso es que cada momento de la vida tiene una serie de necesidades diferentes, pero el objetivo siempre es el mismo: que mejore la calidad de vida y la funcionalidad en el día a día.
En niños y adolescentes, puede también servir para detectar diferentes dificultades a la hora de aprender, problemas de atención, alteraciones en el lenguaje, etc. Si hablamos de los adultos, es de gran utilidad después de padecer un ictus o un traumatismo craneoencefálico, enfermedades neurológicas o situaciones en las que se haya mantenido un gran estrés.
Si hablamos de las personas mayores, esto puede valer para valorar una serie de cambios cognitivos, orientar a los familiares y acompañar en los procesos que precisen de seguimiento.
Lo importante no es solamente intervenir cuando haya un diagnóstico claro, sino proceder a actuar cuando se produzcan las primeras señales. En ocasiones, una intervención temprana marca la diferencia.
Rehabilitación y entrenamiento cognitivo
En cuanto se hace la evaluación, el trabajo neuropsicológico no acaba. Es justo cuando empieza una de las partes de mayor importancia, la intervención. Por este motivo, lo que ocurre es que la rehabilitación cognitiva lo que quiere es reforzar o compensar las funciones que perdieron eficacia, y el entrenamiento cognitivo es de gran ayuda para el mantenimiento y estimulación de las capacidades que todavía conservan su margen de mejora.
Todo ello incluye ejercicios de memoria, planificación, atención, lenguaje o de flexibilidad mental, pero también una serie de estrategias prácticas para el día a día. Hablamos de aprender a utilizar los recordatorios, mejor organización de la agenda, reducir las distracciones, etc.
Los profesionales saben cómo adaptar dichas herramientas a la realidad que vive cada persona.
La importancia del acompañamiento emocional
El aspecto emocional es inseparable de la neuropsicología. Cuando las personas notan cambios en la forma en la que funciona su mente, lo viven con bastante preocupación.
Se puede tener miedo a empeorar, vergüenza de equivocarse o frustración por no rendir como antes. Por todo ello, un servicio adecuado no solo va a trabajar la parte cognitiva, sino también el impacto emocional que todo ello va a generar. Los buenos profesionales ofrecen espacios seguros en los que hablar con tranquilidad.
Todo esto es de gran ayuda, ya que no todas las personas se atreven a expresar lo que les pasa claramente. En ocasiones deben admitir que precisan de ayuda, y otras veces no saben cómo explicar lo que sienten. Un trato próximo y respetuoso facilita bastante el proceso.
Cuando las personas entienden mejor lo que les ocurre, se reduce la incertidumbre. Si esto sucede, también mejora la manera en la que se afronta dicho problema. Este cambio de perspectiva es bastante beneficioso para la salud en general.
La familia precisa de orientación
Si existen problemas a nivel cognitivo o neurológico, la familia termina viéndose afectada. Con frecuencia son los propios familiares los que detectan los cambios o quienes se encargan del cuidado en el día a día.
Todo esto hace que sea necesaria la orientación de un servicio de neuropsicología, puesto que deberá saber orientar a su entorno más cercano.
Hay que saber explicar qué es lo que ocurre, qué podemos esperar o cómo ayudar sin sobreproteger. La familia no necesita siempre tanta información técnica, sino claridad y realismo para convivir mejor con las diferentes situaciones.
¿Por qué no conviene conformarse con cualquier servicio?
Cuando hablamos de salud, hay que saber elegir; en el campo de la neuropsicología, incluso más. No todos los servicios nos ofrecen el mismo nivel en cuanto a profundidad. Tampoco todos los profesionales trabajan con el mismo enfoque.
Hay personas que pueden tener la tentación de buscar una solución rápida o elegir la primera opción que haya disponible, pero no siempre es lo que se recomienda.
Un servicio de buena calidad suele caracterizarse por varias cosas:
- Trato humano y una escucha activa
- Evaluación completa y bien explicada
- Intervención personalizada
- Capacidad para adaptar el trabajo al ritmo del paciente
- Seguimiento real, no solo atención puntual.
Esta clase de diferencias nos pueden parecer pequeñas en un principio, pero luego en la práctica son las que determinan si una persona se va a sentir comprometida o acompañada o si solo recibirá un informe psicológico más sin mucho impacto en su vida.
Salud, prevención y calidad de vida
Hay que tener claro que la neuropsicología tiene un papel preventivo. No vale solamente para intervenir cuando existe un problema claro. De la misma forma, puede servir para detectar factores de riesgo, así como promover un funcionamiento mental mejor antes de que pueda haber mayores complicaciones.
Cuando se duerme bien, se mantiene la actividad mental, se reduce el estrés, se cuidan las rutinas y se pide ayuda a tiempo, estamos ante acciones que influyen de manera importante en nuestra salud cerebral. Un servicio de calidad de neuropsicología puede orientarnos y ser una herramienta para la vida real.
Elegir bien es importante
La elección de un servicio de neuropsicología adecuado no es solamente una decisión práctica. Hablamos de que es una manera de cuidar nuestra salud con criterio. El hecho de confiar en un espacio de psicología especializado puede suponer una acertada elección para todos aquellos que están buscando una atención seria, cercana y bien enfocada. La diferencia entre un servicio cualquiera y una buena profesional se siente en la forma en la que se escucha, evalúa, explica y acompaña.
Conclusiones
Después de todo lo comentado, debemos quedarnos con que la salud no va a depender solo del tratamiento de los síntomas, sino de que se entienda a la persona en su conjunto. La neuropsicología, cuando se encuentra en las mejores manos, puede ser un importante aliado de cara a que mejore la memoria, la atención, la autonomía, el estado de ánimo y, por tanto, la calidad de vida de las personas, lo que es clave.

